El cambio climático está teniendo un efecto devastador en los océanos del planeta. El aumento de la temperatura global ha provocado un calentamiento sin precedentes de las aguas, afectando la vida marina y los ecosistemas costeros.
Uno de los fenómenos más preocupantes es la acidificación de los océanos. A medida que se libera más dióxido de carbono en la atmósfera, una parte se disuelve en el mar, alterando el pH del agua y debilitando a los organismos con caparazón, como corales, moluscos y crustáceos.
El derretimiento de los polos también eleva el nivel del mar, amenazando a millones de personas que viven en zonas costeras. Ciudades como Venecia, Miami o Yakarta ya experimentan inundaciones frecuentes y costosas.
Los arrecifes de coral, conocidos como las «selvas del mar», están muriendo a un ritmo alarmante debido al blanqueamiento causado por el calor. Esto tiene consecuencias directas en la pesca, el turismo y la biodiversidad marina.
Los cambios en las corrientes oceánicas también alteran los patrones climáticos globales. Eventos como El Niño y La Niña se están volviendo más intensos y difíciles de predecir, afectando la agricultura, el acceso al agua y la economía de muchos países.
Frente a este panorama, la protección de los océanos y la reducción de emisiones son más urgentes que nunca. El futuro de la vida marina —y de la humana— depende en gran parte de las decisiones que tomemos hoy.







