Las redes sociales han revolucionado la forma en que nos comunicamos, pero también han traído efectos secundarios importantes para la salud mental.

Estudios muestran que el uso excesivo de plataformas como Instagram, TikTok o Facebook puede aumentar los niveles de ansiedad y depresión.

La comparación constante con vidas aparentemente perfectas crea una presión social que afecta especialmente a los jóvenes.

Además, el «scroll infinito» y las notificaciones están diseñadas para generar adicción, afectando la concentración y el sueño.

Sin embargo, no todo es negativo: las redes también pueden ofrecer apoyo emocional, comunidades virtuales y herramientas educativas.

El reto es aprender a usarlas de manera consciente, estableciendo límites y priorizando el bienestar mental sobre la aprobación digital.

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