Desde la antigüedad, los sueños han sido vistos como mensajes ocultos, profecías o ventanas al inconsciente. Hoy, aunque sabemos más sobre cómo y por qué soñamos, la interpretación de los sueños sigue siendo un tema fascinante y debatido.
Sigmund Freud fue uno de los primeros en estudiar los sueños sistemáticamente. Según él, los sueños son expresiones disfrazadas de deseos reprimidos. Para interpretar uno, había que “traducir” sus símbolos, como si fueran mensajes en clave.
Más tarde, Carl Jung propuso que los sueños no solo reflejan deseos, sino también aspectos del inconsciente colectivo: símbolos universales que todos compartimos, como la sombra, el héroe o el niño interior.
En la actualidad, muchos expertos creen que los sueños no tienen un solo significado fijo, sino que reflejan procesos mentales en marcha: emociones, recuerdos recientes, conflictos sin resolver.
Aun así, interpretar los sueños puede ser útil como herramienta de autoconocimiento. No se trata de buscar “el” significado, sino de preguntarse qué sentido tiene para uno mismo lo que soñó.
Los sueños, más que predicciones, son espejos internos. Y aunque no siempre tengan lógica, nos muestran partes de nosotros que a veces ignoramos durante el día. Interpretarlos es, en el fondo, una forma de escucharnos más profundamente.







