Los dispositivos portátiles o «wearables» han dejado de ser exclusivos del deporte profesional. Hoy, millones de corredores, ciclistas y nadadores utilizan relojes inteligentes y bandas biométricas para controlar su actividad física diaria.

Estos dispositivos pueden medir pasos, distancias, calorías quemadas, patrones de sueño y hasta el nivel de oxígeno en sangre. Esta información es útil para ajustar entrenamientos y prevenir lesiones, especialmente en quienes entrenan sin supervisión directa.

La tecnología de los wearables se complementa con apps móviles que generan planes de entrenamiento personalizados. Esto motiva al usuario y le permite mantener constancia en su progreso deportivo.

Empresas como Garmin, Fitbit o Apple siguen innovando con sensores más precisos y algoritmos que interpretan mejor los datos recogidos. Incluso existen prendas inteligentes que detectan deshidratación o malas posturas durante la actividad física.

Este crecimiento plantea un desafío para el futuro: equilibrar la utilidad de los datos con la privacidad del usuario, especialmente cuando las compañías comparten información con aseguradoras o patrocinadores.

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