En una entrevista con Luis Novaresio, el diputado nacional defendió su pasado radical, pero evitó distanciarse del espacio kirchnerista, dejando al descubierto una tensión discursiva que no termina de resolverse. “Siempre me definí como alfonsinista”, afirmó.

Durante una entrevista con Luis Novaresio, el diputado nacional Leandro Santoro intentó reforzar su perfil de dirigente moderado, apelando a su formación en la Unión Cívica Radical y reivindicando su afinidad con Raúl Alfonsín. “Siempre me definí como alfonsinista”, afirmó, en un intento por sostener una identidad que en los hechos parece cada vez más desdibujada. Hoy, Santoro es uno de los nombres más visibles del frente Es Ahora Buenos Aires, espacio que responde al armado político del kirchnerismo porteño.

Su discurso, sin embargo, no logra despegarse de una tensión evidente: mientras insiste en rescatar los valores del alfonsinismo, defiende sin matices muchas de las políticas impulsadas por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Este doble juego, que para algunos expresa “amplitud” o “evolución ideológica”, para otros no es más que una estrategia para acomodarse dentro del esquema dominante del peronismo actual, sin tener que rendir cuentas por sus cambios de postura.

Las críticas a esta ambigüedad no son nuevas, pero se intensifican en un contexto electoral en el que el electorado demanda mayor claridad y coherencia. Aunque Santoro expone ideas sobre planificación urbana, descentralización y servicios públicos, sus propuestas parecen no despegar del libreto clásico del kirchnerismo. En lugar de representar una renovación dentro del progresismo porteño, su candidatura aparece como una pieza funcional al aparato político del que hoy forma parte, con un discurso que busca seducir a la clase media crítica sin incomodar al poder que lo respalda.

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