El almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, visitó Buenos Aires y Ushuaia para supervisar el avance de un proyecto conjunto con el gobierno argentino: la construcción de una base naval integrada y un polo logístico antártico. Este emprendimiento, con una inversión estimada de 360 millones de dólares, busca posicionar a Argentina como puerta de entrada al continente blanco. La ubicación estratégica de Ushuaia, a solo 1.000 kilómetros de la Antártida, la convierte en un punto clave para operaciones científicas y logísticas. El gobierno argentino ha expresado su compromiso con este proyecto, destacando su importancia para la soberanía nacional y la cooperación internacional.​

Sin embargo, la presencia militar estadounidense ha generado controversia. El gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, y sectores del peronismo han manifestado su preocupación, temiendo que la instalación se convierta en una avanzada funcional a intereses británicos en la región. Desde el oficialismo, se defiende la iniciativa como una oportunidad para fortalecer la posición geopolítica de Argentina en el continente antártico. Esta alianza con Estados Unidos marca un cambio respecto a la postura de gobiernos anteriores, que mantenían un equilibrio diplomático con China.​El País

El proyecto también ha sido interpretado como parte de una estrategia más amplia de Estados Unidos para contrarrestar la influencia de China en América Latina. La construcción de la base en Ushuaia se enmarca en una serie de iniciativas estadounidenses en la región, que incluyen inversiones en infraestructura y cooperación en seguridad. Analistas internacionales señalan que este movimiento podría alterar el equilibrio de poder en el hemisferio sur y tener implicancias en las relaciones entre Argentina y otras potencias globales.

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