El Diputado dice que no está afiliado al PJ, que es apenas un “aliado del peronismo”. Pero va en la lista peronista, pide el voto peronista y levanta las banderas del peronismo cuando le conviene. ¿Aliado o ventajero? Cuesta confiar en alguien que quiere los votos, pero no la camiseta.
Leandro Santoro intenta mantenerse en una zona ambigua: se presenta como un aliado del peronismo, pero evita comprometerse del todo con el partido. No está afiliado al PJ, aunque figura en su lista y apela directamente al electorado peronista. Esta estrategia le permite cosechar apoyos sin asumir los costos políticos de portar la camiseta completa. Levanta las banderas cuando le conviene, pero se corre del cuadro cuando la identificación plena puede restar más de lo que suma.
Esta postura genera dudas legítimas. ¿Qué tan confiable es un dirigente que pide el voto peronista sin asumir el compromiso partidario? En tiempos donde la coherencia es un valor escaso pero necesario, su ambivalencia puede ser leída más como oportunismo que como estrategia. Santoro quiere el cargo, pero no la identidad; el respaldo, pero no la lealtad. Y en política, esa distancia muchas veces se paga con desconfianza.
En un escenario político cada vez más polarizado, donde se espera que los dirigentes tomen posición clara, su juego a dos puntas puede interpretarse como una falta de convicción, que solo le importa los votos de cara a las elecciones.








